Cada quien sus aspiracionistas y sus recursos para adelantarse en el proceso electoral.
Con la emisión de la convocatoria para designar a los «Defensores de la 4T», Morena le imprimió a la contienda por la gubernatura un impulso aún mayor y, con ello, sin duda, obligará al PAN (en Chihuahua) a acelerar sus tiempos y definir a sus ´perfiles´, como les han llamado genéricamente, a sus aspirantes a las gubernaturas.
Aunque lejos de las posibilidades de triunfo —en Chihuahua—, el PRI ya había denominado como «Defensores de México» a sus propios aspirantes.
Podrán llamarlos como quieran, lo cierto es que, de acuerdo con todos los sondeos y encuestas más consistentes, si los partidos de oposición contienden individualmente no podrán ganarle a los candidatos de Morena, salvo en Querétaro y, posiblemente, en Aguascalientes, en el que hasta la empresa ´Demoscopia’ (que regularmente sobrevalúa a Morena) le concede 10 puntos de ventaja al PAN sobre Morena en la más reciente encuesta publicada (Demoscopia, 7 de junio ’26).
En cambio, si lograran concretar una coalición más amplia que la del PAN-PRI, es decir, con la incorporación de Movimiento Ciudadano (MC) podrían alcanzar, presumiblemente, entre 6 a 7 de las gubernaturas disputables el próximo año (Aguascalientes, Campeche, Chihuahua, Querétaro, Michoacán, Nuevo León y San Luis Potosí) y si se presentaran algunas sorpresas en alguna de las Bajas Californias, en Sinaloa y Sonora, aunque en estos todos los estudios de opinión publicados la ventaja es de Morena.
Ahora bien, quizá como nunca antes, los sondeos publicados adquirieron un mayor peso como publicidad, más que como confiables retratos de las preferencias políticas de la ciudadanía.
El PAN no creó una figura nominal equivalente a la de Morena o la del PRI en su ruta hacia las 17 gubernaturas de 2027, en cambio, la dirigencia encabezada por Jorge Romero se ha referido a quienes buscan competir, como “perfiles”.
Todos despliegan sus mejores armas con el fin de ganar terreno.
En el caso de Chihuahua, además de las reformas necesarias de aprobar, como la homologación de las últimas reformas electorales federales, ha propuesto la de la alternancia de género en las candidaturas al gobierno estatal, la que ha desatado las lógicas reacciones de su más fuerte competidor, Morena:
«Art. 9.- En la postulación de candidaturas a la gubernatura del Estado, los partidos políticos, coaliciones y candidaturas comunes observarán el principio de paridad de género de manera alternada a la realizada en el último proceso electoral».
Hasta la semana anterior, el escribano pensaba que era una propuesta de modificación constitucional; no lo es, se trata de una modificación a las leyes secundarias y al PAN le bastaría una mayoría simple para aprobarla, lo que acarreará las impugnaciones jurídicas del morenismo ante las instancias jurisdiccionales, las que emitirán resoluciones sobre el tiempo, antes del 30 de junio pues el proceso electoral iniciará el 1 de octubre y solo se pueden hacer modificaciones electorales hasta esa fecha.
El morenismo argüirá varios argumentos, pero, quizá, la más válida será la de la retroactividad, es decir, que la norma aprobada en estos días sólo se podrá aplicar a partir del próximo proceso electoral, en 2033 y no en el actual, porque sería aplicar una reforma que debió ser vigente para los comicios del 2021, y no en los del 2027, porque en aquella fecha los partidos debieron postular a sus candidatos, previendo que en este año ya se aplicaría la alternancia de género.
En el pasado —antes de que llegara la actual Corte ‘del Bienestar’— la Corte había aprobado criterios semejantes al del párrafo anterior y, cosas de la vida y la ‘congruencia’ de quienes gobiernan ahora, si el asunto llegara hasta ese nivel, muy probablemente fallarán en el mismo sentido, no porque aguzaran su criterio jurídico, sino porque la presidenta Sheinbaum ya se pronunció en contra de la pretendida reforma del panismo chihuahuense.
Y como la palabra presidencial es algo así como las ‘Tablas de Moisés’ para la Corte encabezada por Hugo Aguilar, lo más probable es que esa reforma se aplicará en el 2033.
Así lo dijo Claudia Sheinbaum: «Yo no estoy de acuerdo. Si se hace en una entidad de la República, pues entonces a veces tiene nombre y apellido el sucesor o la sucesora».
A los problemas del morenismo para definir a su candidato, ahora tienen este añadido.
En cambio, en el panismo, al parecer ya está resuelta la candidatura en favor del alcalde capitalino, Marco Bonilla.
Poquito diferente es para la 4T.
Si la reforma blanquiazul transitara, el morenismo debería postular a una mujer y sus encuestas solo se aplicarían para ellas.
¿Qué haría Cruz Pérez Cuéllar?
¿Esperaría nuevamente un sexenio para buscar la postulación?
¿Buscaría una salida alterna, como en 2021, cuando ante la barrabasada —que eso significaron las encuestas aplicadas por Morena para encontrar a sus candidatos— Pérez Cuéllar se definió por la alcaldía?
¿Repetiría por una diputación federal o buscaría otras siglas partidarias?
Por añadidura, la nueva dirigencia morenista incorporó un nuevo elemento. La inscripción de los aspirantes se hará el martes y las encuestas se efectuarán en el curso de julio, pero los resultados de ellas las darán a conocer a fines de año, probablemente —hasta ahora— en diciembre.
¿Y qué harán en ese tiempo los ‘aspiracionistas’?
¿Y los equipos de cada uno de ellos, podrán mantenerse en paz en ese tiempo? ¿No lanzarán campañas, cada vez más agresivas a sus antagonistas?
Una probadita de eso nos la ofrecieron en la semana los equipos de Andrea Chávez, del senador Juan Carlos Loera de la Rosa y Pérez Cuéllar cuando éste se presentó en la comparecencia en el Congreso del Estado.
Morenistas identificados con el senador Loera —quien apoya a Andrea— se lanzaron agresivamente contra los de Pérez Cuéllar, quien se lamentó que no se hubiese presentado un deslinde de la senadora con licencia.
No se presentó, porque no hubo. Nada más, pero nada menos.
Por eso, se antoja imposible creer que los resultados los darán a conocer hasta aquellas fechas; lo más probable será, o que den a conocer pronto los resultados, o le hagan como le hizo López Obrador en el 2021 con Rocha Moya.
Puede no haber sido el único caso; en prácticamente todas las entidades con elecciones ese año las inconformidades contra las encuestas (cuya metodología no fue dada a conocer) fueron protagonizadas por una abrumadora mayoría de los aspirantes de la 4T.
Y ahora, con la denuncia de los EEUU contra los extraditables de Sinaloa ya no queda duda, el descorcholatador fue el expresidente López Obrador.
Por si quedara alguna, fue el mismísimo Rocha Moya quien declaró que a pesar de no encabezar las encuestas lo había nombrado el tabasqueño.
Algo deberán recordar los aspirantes chihuahuenses de ese año, entre ellos Cruz Pérez Cuéllar y Víctor Quintana y les dijeron, a cada uno, simplemente, po’s «la encuesta no te favoreció».
¿O les aplicaron el mismo método que a Rocha y el beneficiado directo fue Loera de la Rosa?
¿Porqué habríamos de pensar que solo en el caso de Sinaloa aplicaron el método «López Obrador», es decir, el mismo que el PRI aplicó durante décadas?
Del mismo modo ¿Qué nuevos elementos existen para descartar que se aplique el mismo método que entonces?
Por supuesto que hay muchos.
Para empezar, ya no está al mando del movimiento —por lo menos formal y visiblemente— López Obrador.
En la memoria de no pocos morenistas están presentes los episodios del pasado ¿Confiarán ciegamente, como entonces, en las ‘encuestas’, avaladas soterradamente por el entonces presidente?
La novedad de la contienda la están protagonizando los del blanquiazul de la capital en la que los ríspidos comentarios entre algunos de los aspirantes a la alcaldía, aderezados con pronunciamientos unitarios, revelan que luego de la renuncia de César Jáuregui a la fiscalía —y a su regreso a la escena pública— el escenario al interior del partido gobernante en Chihuahua no es el de la unidad ampliamente pregonada.
Sorprende que no solo funcionarios del primer nivel intercambien descalificaciones ‘light’ —Rafael Loera contra Santiago de la Peña— y que analistas, generalmente bien ‘conectados’ con Palacio, despotriquen contra Jáuregui al que le señalan por ‘insubordinarse’ a la gobernadora, luego de que en distintas ocasiones ésta misma ha declarado no tener preferencias y que ninguno de los aspirantes ha recibido su ‘bendición’.
Factor central para el resultado de las elecciones lo será la unidad obtenida a su vera por los abanderados de ambos partidos ¿O coaliciones?
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