Ciudad de México.- La escena del crimen es el espacio físico, abierto o cerrado, donde ocurre un hecho delictivo y se concentran los indicios, huellas y evidencias físicas necesarias para la investigación. Es crucial para la reconstrucción de los hechos, el análisis científico, la identificación del autor y la sustentación de la acusación. “Crimipedia”.

Todo el país —y muchos lugares en el mundo— acudió asombrado a los reportajes de la prensa —sobre todo la televisiva o multimedia— para presenciar los recorridos efectuados por los reporteros en la última morada de Nemesio Oseguera, “El Mencho”.

Gracias a ello apreciamos que ahí se habían alimentado y morado un buen número de personas.

Luego, días después, la prensa publicó los reportes de las finanzas de ese lugar —y de otros escenarios— en los que se encontraron los gastos efectuados, los nombres de los receptores y el concepto por el cual se les pagaba a cada uno de ellos.

Contrasta la “pulcritud” de los reportes financieros con el desaseo mostrado por la autoridad prejudicial, la FGR, responsable de la investigación que debió efectuarse en esos y otros lugares que debieron encontrarse como producto de los hallazgos en la residencia de Tapalpa.

¿Por qué no se resguardó el último lugar en el que vivió El Mencho?

¿Por qué no hubo evidencias del trabajo de los peritos forenses en el lugar?

¿No debieron resguardar las huellas digitales dejadas en esa casa, en múltiples utensilios domésticos?

¿Por qué fueron los reporteros quienes encontraron las listas de las nóminas y gastos del CJNG?

¿Acaso la FGR no estaba interesada en investigar todo eso y en que los hallazgos los llevaran a develar el entramado financiero, criminal y social de ese que, en apariencia, es el más poderoso del mundo?

¿Tienen el registro de las armas usadas por los integrantes del grupo criminal?

Podría ser que todo eso lo hayan obtenido; la duda surge a partir de los hallazgos efectuados por los reporteros, que no debieron investigar, sino simplemente llegar hasta el lugar y ahí encontrar las evidencias que, en otros casos —otros muchos miles de casos—, los peritos recogen, clasifican y develan. Y si los peritos federales accedieron a las evidencias, ¿por qué no las recogieron y las preservaron?

En este caso, nada de lo señalado hicieron.

¿Por qué?

Por supuesto que son actuaciones que mueven a la desconfianza, a la duda y, en el peor de los casos, a la inferencia de que no pretendían investigar más sobre esas evidencias y esos hechos, porque podrían aparecer rastros verdaderamente “riesgosos” para los hombres del poder público, pues revelarían los nexos de estos con el crimen organizado.

Tales conclusiones, derivadas de tan desaseada conducta gubernamental, solo podrían desactivarse con una más que pulcra actuación de los agentes de la fiscalía, que los llevara a adentrarse en las entrañas del grupo criminal y, por supuesto, a develar las sospechadas conexiones de las autoridades de todos los niveles de gobierno con el cártel en muchas entidades del país.

Y, encima, aún falta el modo en que el cártel resuelva la asignación de mandos y jerarquías de cada uno de ellos.

¿Lo resolverán al modo en que el Cártel de Sinaloa lo está haciendo o podrán resolverlo sin grandes confrontaciones entre ellos?

Parte esencial del seguimiento de las actividades criminales —y de su desactivación— es la financiera, la que, como en todas las actividades, garantiza el éxito o fracaso de la “empresa”. ¿La habrán investigado las autoridades que no fueron capaces, ni siquiera, de preservar la escena del crimen?

Y todo ello, a poco más de tres meses del inicio de la Copa del Mundo de futbol.

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Columna de Plata de la Asociación de Periodistas de Cd. Juárez:
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