-Están obsesionados con Santiago de la Peña
-Encontró Martha Lara buen lugar para sus libros

Por más que quieran normalizarla, es impensable en cualquier contexto la renuncia de un dirigente partidista en medio de un proceso electoral, así que la dimisión de César Komaba al PAN Municipal sólo puede entenderse en el actual clima de conflictos, que pega especialmente al virtual candidato a gobernador, Marco Bonilla.
El relevo fue por acuerdo de las dos cabezas panistas más influyentes, la gobernadora Maru Campos y el aspirante a sucederla. De ahí que surgió el perfil de Mario García, doble director en la alcaldía de Bonilla Mendoza, para llegar a tomar el timón del PAN en la ciudad de Chihuahua.
El retiro de Komaba -quien no sirvió en la dirigencia ni sirve en la subsecretaría de la SSPE en la que sigue becado- fue tan tardío como su última frase célebre lo evidencia: “el dedazo todavía no se da, y si se da, vamos a esperar a ver qué pasa”. El recuerdo de tan atinada reflexión está en versión digital de GPS.
En la visión de los panistas, el arribo de un nuevo mando al PAN en la capital sería únicamente parte del acuerdo para sacar un candidato de unidad para la capital. Por tardío y por esa limitante es que su salida abona muy poco a la conducción real del partido.
Porque sería el anticipo de una unidad entre comillas, porque un pacto cupular sin mayor consenso podría ser más costoso que benéfico para el partido, sobre todo si, de fondo, existe la intención de forzar la designación de candidato a alcalde a favor del secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña.
Por ello, el cambio en la dirigencia trae más agitación panista que otra cosa, ante la reunión de mañana del Consejo Estatal del PAN para avalar la alianza con el PRI y discutir suplencias emergentes de consejeros e integrantes de los órganos internos; y ante un proceso urgente para seleccionar abanderado en Chihuahua.
De esta forma, el dolor de cabeza para la campaña de Bonilla sigue a pesar de un cambio pactado de la dirigencia municipal, no diseñado propiamente para una conducción más eficiente, sino para acabar de planchar una decisión previamente tomada.

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Las dos corrientes formadas dentro del PAN indudablemente confluyen en Marco Bonilla, pero chocan de frente en la definición de la candidatura por la capital, lo que amenaza al proyecto estatal porque es Chihuahua la mayor reserva de votos del panismo.
Sin una mano visible del Comité Ejecutivo Nacional, por más versiones que apuntan a la operación de altos mandos como Luis Olmedo y Santiago Taboada en representación de Jorge Romero Herrera, la apuesta está en la mesura de esos bandos, antes de que realmente se materialicen las consecuencias nocivas para el PAN.
Los liderazgos de una facción son el coordinador de los diputados del PAN, Alfredo Chávez, en papel de coordinador-operador dentro del partido de Santiago de la Peña; una del ala de “Los Gaudini”, Alejandra Enríquez, en supuesta representación de la diputada aspirante “Manque” Granados y el director de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento, Alan “El Cabrito” Falomir, otro aspirante.
Ellos ya se habrían definido por un proceso que los deje contentos a todos, o más bien a ellos, con el eufemismo de que sería lo mejor para el partido. Una diputación, la dirigencia estatal del partido y la candidatura por la sindicatura serían los premios de consolación.
En otra banda aparecen los jaureguistas, el regidor Félix Martínez y su coordinador Isaac Díaz, cabeza de otra facción de “Los Gaudini”; así como el aspirante exsecretario de Desarrollo Humano, Rafael Loera; y los diputados que se alzaron en rebeldía contra su jefe en la legislatura, Jorge Soto, Carlos Olson y Carla Rivas.
Son los que piden proceso abierto, votación rabiosamente democrática de la militancia para elegir al candidato por Chihuahua y convocatoria que casi, casi, casi diga que se prohíbe inscribirse a quienes se llamen Santiago y se apelliden De la Peña.
El peso para imponerse en una decisión interna, según algunos panistas, lo tienen los promotores de De la Peña, pero sus detractores, si bien no alcanzan el nivel para vetarlo y botarlo, pueden hacer algo más que ruido.
Así, parece que ambos bandos están obsesionados, uno a favor y otro en contra, con el secretario de Gobierno, ahora convertido en el obstinado dique que impide un acuerdo serio de unidad dentro del albiazul.

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La exsecretaria general de Gobierno de Chihuahua, Martha Lara , donó parte de su acervo bibliográfico, compuesto por los volúmenes que integran las colecciones “Derechos del pueblo mexicano. México a través de sus constituciones” y “Tratados celebrados por México”, al Poder Judicial del Estado
La generosa donación fue reconocida en una ceremonia encabezada por la magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia, Marcela Herrera Sandoval, quien hizo lo necesario para recibir de manera oficial los libros que, seguramente en alguna medida, forjaron profesionalmente a la donante.
Lara Alatorre, nos dicen, buscaba quién cuidara esos libros, los usara, leyera y estudiara ahora y cuando ya no estuviera. Encontró la mejor custodia en el aparato de justicia estatal, que los pondrá a disposición de todos en la biblioteca del Instituto de Formación y Actualización Judicial.
Cada uno de esos volúmenes que componen ambas colecciones debe guardar horas de estudio de la también exsenadora y diplomática, quien se retiró del Servicio Exterior de México con el grado de embajadora.
Deben haber sido guía de su actuación en algunos momentos de su vida pública. De antes, durante y después de aquellos años en que ganó notoriedad como la primera mujer al frente de la política interna del estado, por encargo del entonces gobernador (1986-1992), Fernando Baéza Meléndez.
Lara fue esa mujer que se fajó los pantalones para entrar personalmente a la Penitenciaría del Estado cuando fue sacudida por la fuga masiva de reos de 1990; la misma que ayudó a sacar adelante con diplomacia, oficio y mano firme a la vez, la necesaria reconciliación social y política estatal en aquellos álgidos años electorales.
De aquellos ayeres, nomás como mera anécdota que refleja su carácter y formación política, hay quienes recuerdan que en una ocasión llegaron alrededor de 80 camioneros a manifestarse a Palacio de Gobierno, en una de esas protestas que alteraban la entonces dinámica tranquila diaria de la capital.
La entonces secretaria salió sola a recibirlos. Cuando subían con ella las escalinatas a prisa se empujaban unos con otros. Plantándoseles por delante los paró en seco: “¿por qué vienen así como si fueran caballos? Regresen y suban como personas que son”.
Con esas palabras los envalentonados manifestantes regresaron a la planta baja y comenzaron a subir de forma tranquila, hasta el primer piso, donde los esperó para dialogar y negociar.
Debe tener muchos más libros la exsecretaria y muchas más experiencias formativas, pero estos detalles, las donación de su acervo y las anécdotas a su alrededor, sirven para una valiosa aproximación a lo que representa para la historia política del estado.

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Aunque le dijeron que debía guardar reposo absoluto, Marco Bonilla no ha faltado a las reuniones de estrategia que su equipo ha tenido esta semana.
Desde el lunes ha tenido encuentros con el equipo cercano, tratando de seguir al pie de la letra la enérgica indicación del médico de atender salud y terapias, antes de salir a la calle.
Aún a regañadientes, deberá esperar cargando pila, y regresar más acelerado -con precampaña en puerta-, como ha pasado en las pocas pausas que ha tenido como alcalde.