Hay un momento en la vida en que un muchacho o una muchacha empieza a cerrar la puerta de su cuarto, a escribir un diario o callar cuando antes lo contaba todo, a reflexionar sobre sí. Los padres se preocupan. El pedagogo español Víctor García Hoz tenía una explicación a lo anterior: en la adolescencia nace la intimidad.
García Hoz publicó en 1950 libro titulado “El nacimiento de la intimidad y otros estudios”. En el primer ensayo, que da nombre al libro, señala que los psicólogos no conseguían ponerse de acuerdo para definir esta etapa [2]. Explica que la palabra adolescencia habla de crecer, pero no solo de crecer en estatura. Lo más importante es un crecimiento por dentro: el joven descubre que tiene un mundo interior y se da cuenta de él. Por eso define la adolescencia como “una entrada del hombre en sí mismo” [2]. En esta edad aparecen deseos que todavía no saben bien hacia dónde dirigirse y un pensamiento crítico que se vuelve hacia uno mismo.
Ese descubrimiento explica muchas cosas que vemos en los jóvenes: el gusto por la soledad, el pudor, la sensibilidad, los ideales grandes, el deseo de independencia y las ganas de ser admirados. También explica su inseguridad, su necesidad de alguien que los guíe y así como algunas desilusiones. Según García Hoz, la tarea del joven es ir poniendo en armonía su vida interior con el mundo de fuera. Cuando lo logra, dice, el hombre llega a “una madurez lograda” [2].
El libro toca otros temas. Uno es la soledad del maestro, que puede volver estéril su trabajo. García Hoz la estudia a fondo y propone algo poco común: formar a las personas para saber estar solas. Para él, la soledad es la falta de comunicación [3]. Pensaba sobre todo en el maestro rural, que deja la ciudad por un pueblo sin diversiones, sin colegas y sin recursos. Allí aparece el aburrimiento: primero personal y luego profesional cuando no ve los frutos de su enseñanza. Entonces cae en la rutina, que el autor llama “la expresión material de un alma aburrida de su tarea”. A eso se suman la nostalgia de la ciudad y la sensación de ser un extraño, siempre observado por el pueblo. Por eso propone dar a los maestros una personalidad firme, enseñarles a valorar las tareas pequeñas y ayudarles a reunirse con sus colegas, para pasar “desde la pesadumbre del yo hasta el gozoso descubrimiento del nosotros”.
Otro tema es la alegría en la educación. El autor sostiene que “no se puede realizar una tarea educativa con sentido si no existe la alegría” [1]. Un comentarista lo resume con una advertencia: a veces intentamos educar en un ambiente duro, de prueba excesiva, que no da los frutos que esperamos.
Después García Hoz nos regaló: “La educación personalizada”, en 1970. Para él no era un método de enseñanza, sino una manera de entender la educación con exigencias prácticas, fundada en la dignidad de la persona [4]. Cada alumno es único, está abierto a los demás y es capaz de decidir por sí mismo: son las notas de singularidad, apertura y autonomía [4].
La intimidad que nace en la adolescencia incluye también la sexualidad. García Hoz dedicó al tema su libro “Educación de la sexualidad”; un ensayo sobre sexualidad que retoma su obra, señala que educar en este terreno no es solo informar: es acompañar el desarrollo moral del joven y enseñarle a respetar su dignidad y la de los demás. Por eso propone una educación preventiva, centrada en la persona, en lugar de esperar a que aparezcan los problemas.
La lección para padres y maestros es clara. Cuando un adolescente se encierra en sí mismo, no siempre se está alejando: muchas veces está descubriendo quién es. Respetar su intimidad, acompañarlo con alegría y ofrecerle buenos ejemplos lo ayudará a llegar a esa madurez lograda de la que hablaba García Hoz.
[1] Martínez de Vadillo, M. (s. f.). Recensión de El nacimiento de la intimidad y otros estudios, de V. García Hoz.
[2] García Hoz, V. (s. f.). El nacimiento de la intimidad.
[3] García Hoz, V. (1949). La soledad y la vida del maestro.
[4] Medina Rubio, R. (1999). Recuerdo y reconocimiento del magisterio de D. Víctor García Hoz. Revista Española de Pedagogía.