José, un ciudadano paraguayo llegó a una sucursal de banco de las llamadas de “red compartida”, quiso retirar dinero para hacer unas compras, pero se encontró con la leyenda “transacción no disponible”.
El emisor de su tarjeta es Ueno Bank, una entidad que atiende principalmente a través del teléfono celular, por eso se le llama banco digital.
Antes de recibir su permiso como banco, era una entidad Fintech.
Una Fintech (contracción de Financial Technology) es una empresa que combina finanzas y tecnología para ofrecer servicios financieros de manera digital, ágil y accesible.
Utiliza plataformas y aplicaciones para facilitar operaciones como apertura de cuentas, transferencias, pagos, tarjetas, créditos e inversiones, reduciendo la necesidad de acudir a sucursales físicas. Su objetivo es simplificar los servicios financieros, ampliar el acceso al sistema bancario y reducir costos mediante el uso de herramientas tecnológicas.
José, el personaje en cuestión, -nombre ficticio-, sí tenía dinero ahorrado en su cuenta, pero el sistema no le permitía sacarlo. En realidad, Ueno Bank había dispuesto ilegalmente de una gran parte de esos fondos.
Fue noticia internacional esta semana y se trata de la quiebra de un banco de los llamados “digitales” en Paraguay, y no es para menos; se trató de un andamiaje fraudulento que provocó también la caída del presidente de ese país, Santiago Peña.
Todo en familia
Antes de entrar a los detalles, hay que mencionar que la quiebra de Ueno Bank fue uno de esos casos que mezclan privilegios políticos y corrupción, es decir desde el poder era apoyado con depósitos, falta de supervisión y deficiente vigilancia a sus estados financieros.
El fraude alcanzó al Instituto de Previsión Social, -IPS que es como el IMSS de México-, y que administra el sistema de salud y pensionario, el principal de ese país. Le pegó porque el IPS tenía una parte de los depósitos de pensionados en Ueno.
Ueno Bank es propiedad de Grupo Vázquez, una entidad que tiene varias empresas como Mowi, Grupo Hendy, Grupo M, Itti Tecnológica, Upay, Wepa.
La directiva del banco usó fondos de sus ahorradores para prestarlos a varias de sus empresas que operaban en números rojos. En otras palabras, estuvieron metiendo la mano al cajón para prestar a fondo perdido.
Santiago Peña, quien era el presidente de Paraguay, formó parte de los accionistas de ese banco y uno de sus hermanos de sangre, Francisco Peña, dirigía una de las entidades del banco en Europa.
Asimismo, el presidente del Banco Central de Paraguay había sido también presidente de Ueno Bank del mes de marzo de 2022 a agosto de 2023. Santiago Peña, fue, por cierto, quien le dio este último cargo.
Sin embargo, no eran solo relaciones empresariales las que unían al ahora expresidente de Paraguay, ya que entidades públicas apoyaban con depósitos y contratos a Ueno Bank.
Destitución o Dimisión
Santiago Peña fue obligado a dejar el cargo bajo la figura de destitución. Inicialmente había buscado la dimisión, que le hubiera permitido ser senador vitalicio y obtener el fuero para no ser tocado por la justicia.
Con tal resumen, ahora está imputado por abuso de confianza y lo que resulte de la causa penal que se le sigue en la causa 92/2026 de la fiscalía de Paraguay.
Santiago Peña, es ahora sujeto de investigación y en proceso judicial. No se le hizo el fuero, que le hubiera dado impunidad a su larga carrera de omisiones y abusos. Serán los jueces quienes definan si finalmente se le considera un criminal.
No todo está perdido
Los ahorradores de Paraguay cuentan con la protección del Fondo de Garantía de Depósitos, -FGD-, y dado que el 97 por ciento de los usuarios tienen ahorros menores al fondo protegido, recibirán totalmente su dinero.
Esto quiere decir que, si una persona tenía guardado el equivalente a menos de 38 mil dólares americanos en guaraníes, les serán devueltos prácticamente en su totalidad.
Solamente un 3 por ciento de los ahorradores, superan los 38 mil dólares en moneda de ese país, por lo que posiblemente no recuperan todo. Se trata de los grandes ahorradores.
En México se cuenta con el Instituto de Protección al Ahorro Bancario, -IPAB-, que es la versión moderna del Fobaproa, creado en 1990 para dar certeza a los depósitos en nuestro país, luego con funciones ampliadas en 1999.
En el caso de México la protección alcanza los 3.6 millones de pesos por persona, no por cuenta.
La quiebra o saqueo del Ueno Bank, es sin embargo, una llamada de atención para que los sistemas bancarios sean vigilados y regulados con controles estrictos, en bien de cualquier usuario de los mismos.