Quien piense que el proceso electoral que acaba de arrancar será terso y sin sobresaltos está muy equivocado; las estrategias ya están cantadas y el terreno de batalla serán las calles, los congresos, medios de comunicación, redes sociales y desde luego las instancias legales.
Los dos principales partidos políticos, Acción Nacional y Movimiento de Regeneración Nacional ya develaron armas y vienen con todo y por todo, uno tratando de mantener unos de los pocos bastiones de la oposición y los otros que la marea guinda también llegue a la entidad.
En medio de ellos un organismo electoral que ya vaticina “desafíos operativos, políticos y sociales”, como lo indicó la presidenta consejera del IEE, Yanko Durán Prieto, porque sin duda será el proceso con mayores demandas de actuación del árbitro electoral.
Marco Bonilla por el Partido Acción Nacional, Cruz Pérez Cuéllar por Morena y Julián LeBaron como proyecto de Somos México configuran, al menos hasta ahora, una competencia que difícilmente podrá reducirse a la tradicional disputa entre dos partidos.
Marco Bonilla representa el peso electoral de Chihuahua capital y del panismo tradicional.
Cruz Pérez Cuéllar llega desde Ciudad Juárez, el municipio con mayor concentración poblacional del estado y un territorio donde Morena ha construido una fuerza electoral considerable.
Será sin duda una contienda entre Chihuahua capital contra Ciudad Juárez; continuidad contra alternancia; estructura partidista contra movilización territorial.
Los resultados de 2024 ofrecen el punto de partida más reciente: Marco Bonilla consiguió su reelección en Chihuahua capital con 248 mil 339 votos, equivalentes a aproximadamente 57.5% de la votación municipal.
En Ciudad Juárez ocurrió el fenómeno inverso: Cruz Pérez Cuéllar consiguió 354 mil 422 votos, alrededor de 59.5% de la votación municipal.
La comparación resulta políticamente reveladora: En Chihuahua capital, Bonilla amplió su votación respecto de 2021: pasó de 204 mil 976 a 248 mil 339 sufragios; en Juárez, Pérez Cuéllar pasó de aproximadamente 213 mil votos en 2021 a 354 mil 422 en 2024.
Claro que eso no significa que uno u otro vaya a repetir automáticamente esos resultados en 2027, pero sí establece el terreno desde el cual comenzará la campaña.
El problema para cualquier análisis simplista es que Chihuahua no se comporta electoralmente como una entidad homogénea: la capital tiene una tradición de voto panista considerable; Juárez, en cambio, se ha convertido en un componente fundamental del crecimiento electoral de Morena.
Por eso la elección de gobernador tendrá una pregunta territorial inevitable: ¿Podrá Morena convertir su fortaleza en Juárez en una mayoría estatal?; y ¿Podrá el PAN convertir su fuerza en Chihuahua capital y otros municipios en una coalición electoral suficiente para compensar el peso de Juárez?
La elección de Chihuahua tampoco ocurrirá en un vacío internacional: La relación entre México y Estados Unidos atraviesa una etapa en la que seguridad, narcotráfico, migración, comercio y cooperación bilateral se encuentran estrechamente relacionados.
La elección de 2027 puede terminar convirtiendo a Chihuahua en uno de los principales laboratorios políticos del país, no solamente porque Morena pretende conquistar una de las entidades que todavía gobierna el PAN, sino porque el estado se encuentra en la frontera con Estados Unidos y en el centro de algunas de las discusiones más sensibles de la relación bilateral.
Seguridad, narcotráfico, soberanía, cooperación internacional, migración, comercio y política estatal terminarán mezclándose inevitablemente.
Otra característica de 2027 será la combinación entre política territorial y comunicación digital; los dos principales proyectos tienen presencia significativa en redes sociales, pero una campaña estatal necesita algo más que seguidores.
Necesitan representantes de casilla, operadores territoriales, capacidad de movilización, abogados electorales, fiscalización, comunicación, defensa del voto y presencia municipal.
Si bien una elección moderna se puede comunicar mediante TikTok, Facebook, X, Instagram o YouTube, pero el voto sigue depositándose en una casilla y, entre una publicación viral y un resultado electoral existe una estructura territorial completa.
Así que la pregunta central no será únicamente quién ocupará el Palacio de Gobierno después de 2027, sino qué modelo político quiere Chihuahua para los próximos seis años y, sobre todo, cuánto estará dispuesto el electorado a permitir que los conflictos nacionales, las presiones internacionales y las disputas partidistas definan una elección que, en última instancia, corresponde decidir a los ciudadanos del estado.