Como en la Revolución Francesa,

a la guillotina los críticos del régimen

En los años 2005 y 2006, en el canal de las estrellas pasaban el programa El Privilegio de Mandar, como parodia de la telenovela El Privilegio de Amar. Fue famoso y con alto rating, porque aparecían Chente, presidente de la colonia El Relaxo; Martita, Felipe o Jelipe, El Peje pronunciado a veces como Pehe, Roberto, Canti o Carlinflas, La Jirafa, Mary, Jackson, Elba Esther, Don Diego, Santiago, Cuauhtémoc, René (el de las ligas) Beatriz Paredes, Montiel, Marcelo (el Peje lo llama “mi carnal Marcelo”), Ahumada, “El Innombrable” (Carlos Salinas de Gortari), Joaquín “Loque-Nosdiga”, Don Rubén (lo que Chente quiso decir) y Ponce (asiduo apostador de Las Vegas).

Eran todos políticos de diferentes partidos, aspirantes a la Presidencia de la República, funcionarios públicos, vocero de Chente, conductor de Televisa y otros actores políticos. Eran representados como sátira política con artistas que exageraban su hablado y características físicas, como una parodia del mundillo político. Eran entonces los “memes” televisados, porque aún no existían las redes sociales.

Como personas con función pública, nunca se quejaron ni apelaron a esa representación porque resultaban beneficiados. Varios de ellos, fuera del presupuesto oficial, se sentían halagados de aparecer de esa manera y ellos mismos se reían de sus personajes.

Ahora, varios de ellos ya están del otro lado y dentro del presupuesto oficial, y la promoción a través de la sátira se convirtió en intolerancia y hasta castigo de cárcel para quienes diseñen personajes en las redes sociales en lo que comúnmente le llama “meme”, lo que pone en riesgo uno de los grandes deportes de los mexicanos: hacer escarnio del funcionario público, desquitar el voto que le dieron al político a cambio de burlarse un poco de ellos y sobre todo, tener la libertad de expresión y expansión del ingenio e imaginación para dar salida o rienda suelta a sus frustraciones y desencantos de la política.

Ahora, hasta eso quieren quitarnos. Bueno, ya lo aprobaron los diputados afines al Supremo Gobierno.

Si la política es un espectáculo, ahora están eliminando el derecho de las audiencias a opinar y criticar la actuación de los bufones que tienen enfrente. Los diputados aprobaron, para su conveniencia, de que la audiencia o electores deben de permanecer callados, sin hablar ni chistar y mucho menos levantar la voz o desahogarse con un chiste del presidente en turno. Algo asi como la democracia del silencio: todos callados para ser todos iguales.

El deporte mexicano de ingeniar chistes desde el primer momento que un presidente o funcionario asume el cargo lo están matando.

¿Qué será de las tradicionales calaveras que cada 2 de noviembre ventilan como una de las pocas expresiones de una auténtica libertad, donde elaboran versos con determinada métrica para hacer escarnio de políticos, personajes famosos y funcionarios?

¿Los legisladores considerarán las “calaveras” como “memes literarios” y será un nuevo moche a la libertad de expresión en México? Los periodistas mexicanos presumían que era de las pocas ocasiones en que elegantemente, con ingenio literario y picardía contenida le podían mentar la madre con versos, caricatura de la calaca y con incienso mandan a la tumba a los indeseables políticos. Esos memes literarios son el festejo irreverente del mexicano hacia la muerte. Es la imaginación de ver a los famosos que la muerte se los lleva al otro mundo y los coloca en uno de los tantos círculos del infierno de Dante.

¿Eso también abarcará la ley anti memes en México, decretada de manera absurda y contra la libre expresión de ideas?

Varios de los que aparecían en El Privilegio de Mandar, ahora son los mandones y machuchones que gozan de El Privilegio de Censurar, y ya no les gusta ni les beneficia la critica que antes promovían tanto.

La sátira política siempre ha existido en México y en todo el mundo, y funciona según la cultura de cada país. La sátira es el uso del humor, la ironía y la exageración para criticar y ridiculizar al poder, a los gobernantes y a las instituciones públicas y esa sátira se ha utilizado de manera popular contra las dictaduras. Llámese parodia, cartón, caricatura política y ahora, en la era digital, memes.

Si acudimos a la historia de México, la versión oficial nos enseñó que una de las armas para acabar con la dictadura de Porfirio Díaz fue la difusión de caricaturas y representaciones satíricas de integrantes del presidente y su gabinete. Y también, nos repetían que el dictador Díaz, persiguió a sus críticos en medios de comunicación, que eran periódicos y libelos porque era la respiración del pueblo contra el abuso del poder y el autoritarismo. Eran los “memes” de esa época prerrevolucionaria.

Entonces ¿vamos en camino y consolidación de una dictadura y desde ahora se están blindando para acallar las voces, representadas en memes? Es un paso muy delicado, extremadamente riesgoso para la libertad de pensamiento, critica y expresión.

Según las consultas, la sátira política tiene sus orígenes desde la Grecia antigua, donde el dramaturgo Aristófanes se burlaba de figuras poderosas y líderes con comedias. En Roma clásica, Horacio y Juvenal convirtieron la sátira en un género literario dedicado a censurar vicios sociales y políticos del imperio. Luego en Europa y España, la sátira sirvió como protesta clandestina contra las monarquías a través de coplas, libelos y textos anónimos. Voltaire en Francia usó la novela satírica contra el autoritarismo y dogmatismo religioso y del gobierno.

Con la aparición de periódicos, la caricatura política fue el principal motor visual de la crítica. Luego, la televisión y la radio incorporaron la sátira y parodia en programas de humor como contrapeso frente a abusos de poder y autoritarismo.

En la era digital que vivimos, la sátira política se trasladó a memes, videos virales y otros recursos como expresión de los ciudadanos para mostrar inconformidad a través de una tecnología que presume ser democrática por el acceso universal.

Sin embargo, como dice Chumel Torres, están pasando cosas, pero nos hacemos como que no pasan.

En pocas palabras, están castrando el ingenio e imaginación del mexicano, que es de lo poco que le queda.

Estamos ante un gobierno censor. Si la crítica era al opositor, adelante; pero si la crítica ahora es al gobierno, entonces se prohíbe, persigue y castiga.

Y ¿el prohibido prohibir que tanto promovía el líder moral del gobierno, ya no aplica, porque ahora si conviene prohibir?