“El recuento de los daños. Del holocausto de tu amor. Son incalculables e irreparables. Hay demasiada destrucción”. (letra: El Recuento de Los Daños. Gloria Trevi)
A siete años de la llegada de la Cuarta Transformación al poder, el balance del país revela una profunda brecha entre la narrativa oficial y la terca realidad nacional. Pese a que la presidenta asegura en su Segundo Informe de Gobierno que la nación camina “por el rumbo de la prosperidad compartida” y avanza con paso firme, es necesario contrastar el discurso oficial a la luz de los hechos. Ponemos bajo la lupa algunas de las frases más destacadas de la mandataria en su Informe, frente a los datos duros que definen el momento actual del país.
“Hemos ejercido el gobierno con honradez y austeridad republicana”.
Afirmar que la administración gasta con honradez y austeridad es insostenible ante la realidad económica. Lejos de la disciplina prometida, el presupuesto federal arrastra las secuelas de un manejo costoso: un endeudamiento histórico para financiar el gasto corriente y proyectos con sobrecostos desbordados.
De hecho, las autoridades fiscalizadoras señalan constantemente una grave falta de transparencia en contratos y licitaciones de las obras y empresas bandera de la administración, tales como el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas y el AIFA, así como en proyectos fallidos o bajo cuestionamiento como la Megafarmacia, el extinto INSABI, Gas Bienestar, Mexicana de Aviación, la vacuna Patria y LitioMx. Esta realidad económica contrasta severamente con los excesos y la opulencia que miembros del partido oficial muestran de forma pública, resquebrajando el discurso de la austeridad.".
“Los trabajadores viven una primavera laboral”. Celebrar una supuesta “primavera laboral” choca con las cifras del país. Aunque el gobierno presume un mercado fuerte, los datos muestran otra faceta: más del 55% de los trabajadores mexicanos están atrapados en la informalidad, sin prestaciones ni seguridad social. Al mismo tiempo, el encarecimiento de los productos básicos y una inflación persistente devoran los bolsillos de las familias. Al contrastar el discurso con los hechos, queda claro que los aumentos al salario apenas amortiguan el costo de la vida; el dinero, simplemente, no alcanza.
“La paz de las familias es la prioridad”. Asegurar que la tranquilidad social es el eje central del gobierno choca de frente con la cruda realidad de las calles. Aunque el discurso oficial presume una baja en los homicidios, el país sigue sumido en una violencia alarmante. Con casi 40 mil asesinatos acumulados en lo que va de la administración —un promedio cercano a 50 muertes violentas al día— y crisis activas en estados como Sinaloa, Guanajuato y Guerrero, el optimismo se desmorona. Mientras la ciudadanía siga atrapada entre balaceras, extorsiones y el control territorial del crimen organizado, hablar de pacificación se queda en una simple retórica que no llega a los hogares mexicanos.
El discurso gubernamental describe un México de fantasía; uno que presume la salud de Dinamarca, la estabilidad de Luxemburgo, la educación de China, la seguridad de Islandia y las libertades de Noruega. Sin embargo, cuando la realidad los alcanza, la salida es la misma de siempre: culpar al pasado. La verdad es que el país vive en la incertidumbre, atrapado por la opacidad y el avance delictivo. Frente a una narrativa institucional que prioriza el respaldo electoral a cualquier costo, la terca realidad nos recuerda que las estructuras del país se siguen debilitando. Sumemos Voces.