La primera instrucción que el licenciado Enrique Macín me dio después de nombrarme secretario académico de Filosofía y Letras, fue la siguiente (cito textualmente): “Mire Rafael, que nos digan que somos cabrones, pero no pendejos”. Maquiavelo nos mostró que es preferible ser amado que temido, pero si no es posible, lo segundo. No confundir temor y miedo, el primero es irracional y es usar la crueldad como última opción. Ser rudo no significa fortaleza, sino posiblemente pánico interno. En cambio, el miedo va ligado al respeto, firmeza y orden.

En otros tiempos, la figura presidencial era casi intocable. Para bien o para mal. Para bien cuando el presidente hacía un buen papel (Ernesto Zedillo) y para mal cuando era represor (Díaz Ordaz). Pero sólo los muy atrevidos y auténticos héroes se enfrentaban a tantos y tantos opresores de la democracia, la justicia y la libertad.

Me da tristeza nuestra primera mandataria. No recuerdo que en ninguna era trataran con tanta falta de respeto al quien despacha desde Palacio Nacional. Y eso que leía Excélsior (1919-1976), Proceso (1976-), Por qué! (1968-1974), Siempre! (1953-), La Jeringa (años 70), Los Agachados de Rius (1968-1981) y otros más.

El chiste político es una catarsis social. Díaz Ordaz hacía mofaba de sí mismo “si fuera un hombre de doble cara ¿por qué habría escogido esta?”. De Echeverría decían que dormía la siesta en la alberca porque en el fondo no era tan pendejo. A López Portillo le decía Jolopo (porque se creía perro, vivía en Los Pinos y hacía el amor con Alegría (Rosa Luz Alegría, su novia y primera secretaria de estado)). A Miguel de la Madrid le pedía dijera algo inteligente y respondía: no sé, se me ocurren puras tonterías. Y así…

A la presidente la han criticado por lo que dice: “patria” es escribe con a de mujer. También “corrupta”, “impunidad”, “Andrés” “Manuel”, “gata”, “narca”, “extradición”, “licencia” y una que no le gusta, “visa”, sobre todo cuando se las cancelan a los de su partido. Pero ahora las redes sociales no tienen piedad con ella. Nadie le guarda respeto porque no le tienen miedo menos temor. Ni propios ni ajenos. Jamás había oído que un personaje político le trataran con tanta, no crítica, sino insulto cruel. Así, le dicen Títere o Titina, porque el que manda vive en Palenque. La Calca o el Clon porque fue hecha a imagen y semejanza de AMLO. La señora presirvienta, ya que ella no manda, sólo obedece órdenes. Madame mentiras o Sor Mentiras por obvias razones. Narco presidenta, porque es la delincuencia organizada quien la sostiene. La lagartija, por su físico. Ahora dicen “quiere ver a su presidenta sana, póngala mariguana” y otros más que mejor me reservo. Estos epítetos son los más decentes.

No comparto la descalificación ni el insulto ni del lado oficialista ni del opositor ni del crítico desquiciado. Ya basta con los “prianistas” (están en morena), esto es culpa de Calderón, ¡ya chole! Cambio de discurso ¡ya! Las ofensas no se las merece nadie. Y estos adjetivos se los dicen en su cara, los publican en los medios, los dicen en los programas de análisis. No la defiendo por ser mujer sino como persona. Pero nadie la respeta y cuando se vaya, solo la recordaremos porque por un tiempo fue quien ocupó la silla presidencial. A ver, búrlense de Díaz-Canel en la Habana, de Ortega en Nicaragua, de Milei en Argentina o de Bukele en El Salvador (¿cuándo llegará un Bukele a la presidencia de México?)

Señora Claudia, la invitamos a que visite Chihuahua Capital. Conozca su auténtico grado de popularidad en la región de Delicias. No tenga miedo, los norteños somos valientes, leales y hospitalarios. No se esconda con acarreados que le aplauden. Salga a las calles, visite a la gente y ejerza el poder que le da la presidencia de la república. Expulse del país a “ya sabes quién”. Todavía es hora, antes que la enfermen y la destierren.

Mi álter ego se pregunta ¿pues cómo hacen las encuestas los morenistas? ¿con magia? Siempre sale sorteado quien AMLO desea. Antes la despistaban un poquito, ahora se han descarado más que en el viejo sistema. Aseguran que sólo los inteligentes ven las boletas de popularidad.