Honduras.- Estos deberían ser tiempos maravillosos en la Finca El Puente, una plantación de café engarzada en las montañas del suroeste de Honduras. En los mercados mundiales, el precio del café común se ha más que duplicado durante el último año. Las variedades especiales de café cosechadas en la finca durante mucho tiempo se han vendido a un precio considerable, reflejando el estatus de la finca como fuente de bebidas aromáticas saboreadas desde Corea del Sur hasta Seattle, Washington. Un comprador de Malasia recientemente la visitó para probar las ofertas más recientes.

Sin embargo, los dueños de la operación -Marysabel Caballero, una caficultora de cuarta generación, y su esposo, Moisés Herrera- están cada vez más preocupados. Los costos de producción se han disparado. Deben pagar salarios adicionales para atraer a trabajadores escasos; los fertilizantes se han encarecido. Su cosecha ha sido devastada por lluvias inoportunas y temperaturas volátiles. Temen la posibilidad de que los altos precios puedan llevar a algunos bebedores de café a limitar su consumo. Incluso después del aumento a sus precios, es probable que ganen menos este año que en el 2024.

Pero sobre todo les preocupa lo que impulsa los precios al alza: el cambio climático, que ha disminuido la oferta de café en todo el mundo debido al aumento en las temperaturas, las sequías y las lluvias excesivas -más recientemente en Brasil y Vietnam, los dos mayores productores de café del mundo. Esto es lo que genera ansiedad en las plantaciones de café en todo el mundo. Quien se beneficie del aumento de precios hoy puede verse destruido por la próxima calamidad mañana.

La cosecha de la Finca El Puente se vio dañada por una ola de frío en diciembre y enero, seguida por lluvias tardías que disuadieron a sus trabajadores de aventurarse en las plantaciones a recoger la fruta madura. Ante esto, ven los precios récord menos como una ganancia inesperada que como una manifestación de los problemas que se avecinan.

"Para nosotros, producir café es nuestra vida", dijo Herrera, de 58 años. "Muchos productores están empezando a perder la esperanza".

Algunos ven el café más caro como una corrección para un sistema internacional que durante mucho tiempo ha pagado mal a los productores, resarciendo potencialmente generaciones de injusticia y destrucción ambiental.

El 60 por ciento del café mundial es producido por aproximadamente 12.5 millones de personas que trabajan en fincas de no más de 20 hectáreas, reporta World Coffee Research, una organización sin fines de lucro que promueve la agricultura sostenible. Alrededor del 44 por ciento de estos pequeños productores viven debajo del umbral de la pobreza del Banco Mundial.

Se cree que si los agricultores ganan más, pueden optar por variedades de café resilientes al aumento a las temperaturas y la variabilidad de las precipitaciones. Pueden plantar árboles de sombra para proteger sus suelos. Así, estarán mejor posicionados para capear las fluctuaciones bruscas en los precios que rigen los mercados internacionales de materias básicas, manejando sus plantaciones a largo plazo.

Los altos precios del café han agudizado la atención sobre las condiciones que determinan la producción. Pero ¿se traducirá esta renovada atención en un cambio?

Tradicionalmente, la mayor parte de las ganancias ha ido a las grandes tostadoras de café. Sus ganancias han crecido junto con el precio del café, incluso cuando muchos productores no han logrado recibir una porción de la abundancia adicional. Los acontecimientos de los últimos años han revelado las vulnerabilidades del sistema, al tiempo que han introducido otras nuevas. Las sequías en Brasil y Vietnam, aunadas a los trastornos en el transporte marítimo internacional, han provocado una escasez de granos. Cambios en las regulaciones también han aumentado la incertidumbre.

En todo el mundo, los comerciantes que compran granos de café a los agricultores y los exportan a las tostadoras suelen asegurar su suministro con meses o años de anticipación mediante contratos de futuros. Si el precio mundial baja, podrían recibir menos de sus clientes de lo que están obligados a pagar a los agricultores por el grano. Para protegerse, compran posiciones cortas en los mercados de futuros, apostando a que los precios bajarán. Si los precios bajan, las ganancias de estas posiciones cortas compensan algunas de las pérdidas en sus ventas.

Pero en los últimos meses, el precio del café ha subido tan abruptamente que las posiciones cortas se han convertido en grandes perdedoras. Los intermediarios financieros que manejan estas operaciones han exigido a los exportadores que entreguen más efectivo para saldar sus pérdidas -una llamada de margen, en el lenguaje financiero. Las llamadas de margen han llevado a algunos exportadores a la quiebra.

"Este es un gran problema para la mayoría de los exportadores de todo el mundo", dijo Luiz Paulo Pereira, fundador y director ejecutivo de CarmoCoffees, una exportadora en Brasil. Añadió que, dada la "perpetua amenaza de que las entidades financieras exijan más dinero para cubrir sus posiciones cortas", muchos corredores se aferran ahora al poco efectivo que tienen.

Esto los hace reacios a comprar café. En lugar de sus habituales tratos a largo plazo, negocian transacciones sólo cuando un agricultor tiene granos listos para la venta inmediata a un tostador dispuesto a comprarlos sin demora. Esto evita atravesar su efectivo mientras esperan el pago. Pero está haciendo que el café escasee aún más, lo que hace que los precios suban.

"El precio alto es como una linterna en la oscuridad", dijo Vern Long, director ejecutivo de World Coffee Research. "'Miren, tenemos un problema'. ¿Cómo podemos aprovechar esto para garantizar que los agricultores tengan una producción estable y sostenible?".

Sergio Romero, de 45 años, caficultor de cuarta generación en Corquín, Honduras, había visto la devastación que el cambio climático había causado en plantaciones circundantes.

Así que Romero, ingeniero agrónomo de profesión, propuso añadir un dosel de árboles altos como pinos y caobas para dar sombra a su café. Esto mantendría la humedad en el suelo y preservaría la salud de las raíces, permitiéndoles absorber más agua y nutrientes. Planeó intercalar árboles frutales, diversificando su cosecha y añadiendo raíces adicionales para preservar el suelo.

En el 2009, Romero convenció a su esposa, padres y hermano para que unieran sus tierras, convirtiendo sus aproximadamente 55 hectáreas en una plantación colectiva cuyo eje principal era la sostenibilidad.

Organizó dos docenas de fincas más en una cooperativa llamada Cafico. Los miembros podían compartir técnicas y operar un vivero para producir variedades adecuadas de plantas de café y árboles de sombra. Financiaron la construcción de un molino para secar, procesar y vender su cosecha. Se abstuvieron de utilizar fertilizantes químicos y pesticidas.

Su propuesta encontró resistencia inicial por parte de los socios potenciales, dada la aritmética: costos de plantación 20 por ciento mayores y una producción de café 25 por ciento menor. Pero los árboles durarían el doble, quizás un cuarto de siglo.Y el café sería de mejor calidad.

Cafico siguió adelante con la idea de Romero. Posteriormente, se unió a Fairtrade. Cafico produce café de especialidad que se vende con un margen considerable sobre el precio de mercado. Se perfilaba a ver crecer sus ganancias al menos 25 por ciento este año, afirmó Romero.

Pero ¿qué significa el aumento a los precios del café para la misión de lograr un café más sostenible? Si los agricultores con escaso capital pueden continuar con sus prácticas tradicionales y vender a precios inconcebibles, ¿dónde está el incentivo para que planten árboles de sombra y limiten su rendimiento?

Romero desestimó estas preocupaciones. Cafico tenía 80 nuevas solicitudes de membresía.

Pero al tiempo que los exportadores se apresuran a asegurar granos, están poniendo a prueba los vínculos de la estructura cooperativa.

En su finca cerca de Corquín, Esperanza Torres Melgar, de 59 años, se ha acostumbrado a que los comerciantes se presenten y le ofrezcan dinero en efectivo al instante por sus granos recién cosechados. Dijo que siempre los rechazaba. Pero otros han cedido a la tentación de obtener dinero en efectivo sin demora, vendiendo discretamente fuera de la estructura cooperativa.

La Finca El Puente ha alcanzado éxito internacional. Sin embargo, los propietarios ahora están considerando algo antes impensable: reducir la cantidad de tierra que cultivan.

Tantos lugareños se han mudado a EU que batallan para contratar trabajadores, incluso con salarios mucho más altos.

"Este es el peor año", dijo Caballero. "Nos encanta el café. Siempre hemos pensado que moriremos cultivándolo. Somos felices así".

Pero ya no tienen la certeza de que perdure.