Que lejos ha quedado la historia de aquellos alumnos traviesos que le jugaban bromas en nombre de Simitrio González a aquel viejo gruñón maestro de una escuela rural, Don Cipriano, casi ciego, con lentes de fondo de botella, muy dedicado y con buen corazón, cuya historia es narrada en la película mexicana de nombre “Simitrio”, (1960).
Este grupo de estudiantes de un pueblo rural de los muchos que abundaban en México, llegaban a la escuela después de largas caminatas, los padres estaban convencidos de que sus hijos aprendían; estos niños inquietos, picaros y entusiastas desarrollaban su actividad estudiantil con una energía que parecía inagotable, en ese entorno, el de una vida de escasos recursos en la década de los sesenta del siglo XX, se revelaba la personalidad y carácter de esos pilluelos.
Contrario a lo anterior, en pleno siglo XXI, encontramos algunos estudiantes universitarios que pareciera que sus padres los envían por la fuerza a la universidad, que cuando el maestro está frente al pizarrón aprovechan para utilizar el celular y comunicarse por redes sociales con los amigos. Al voltear el docente, aparentan estar atentos a clase.
Unos simulan estar tomando apuntes con la laptop; la realidad es que están viendo películas o series en streaming; otros se la pasan jugando videojuegos, tomando fotos o grabando sin permiso al docente o compañeros de aula; algunos más realizando tareas no relacionadas con la clase.
La vida da muchas vueltas, en el entorno social y cultual del siglo XXI, la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información[1], que incluyó 1018 estudiantes universitarios del norte de México, reportó que en el año 2023 quienes acceden a través de internet a redes sociales representan el 91.5 %, y a entretenimiento el 88.1 %.
En el año 2024 la misma encuesta reportó que el 66.1% de los encuestadas hizo uso diario del teléfono inferior a 6 horas; el 58% de los estudiantes estimó que desbloquea su teléfono 50 veces o menos durante el día, mientras que los desbloqueos promedio reales fueron 88.42 al día en esta población, esto significa que por cada diez ocasiones que tomaban el teléfono, al menos nueve lo desbloquearon.
Actualmente encontramos estudiantes universitarios que ante la dependencia que tienen del teléfono celular, hacen el esfuerzo por dejarlo unas horas, comentan la dificultad para abstenerse de usarlo; por ejemplo, la desesperación de no poder ver la hora, el deseo de tomarlo cuando lo dejan en algún lugar; otros sienten ansia al no sentirlo en la bolsa del pantalón o, en su caso, es mayor el ansia cuando escuchan el ingreso de un mensaje.
También encontramos a los estudiantes que al dejar el teléfono se concentran mejor en clase, se relajan, les vuelve la tranquilidad, retoman el afecto por los contenidos; pocos refieren que no sienten algo, pues aún no dependen del teléfono, o bien olvidan que traen consigo el aparato.
A pesar de las tendencias alarmantes sobre el uso de teléfonos celulares o tablet como medio de distracción, con perjuicio para el aprendizaje de los estudiantes en clase, estamos a tiempo de realizar actividades de contención con ellos, para beneficio de su formación profesional. Generar entre maestros y alumnos el compromiso para atender el desarrollo de las clases con la finalidad de incrementar su avance académico.
Tan solo establecer normas claras como el deber de que al entrar a clase deben dejar el teléfono en la bolsa escolar o en el escritorio, mejora la atención de los estudiantes en esta. Si ahora no tomamos medidas de esta naturaleza, pronto tendremos que decir: ¡los extrañaremos Simitrios! O, Houston ¡los perdimos!
[1] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2024/ENDUTIH/ENDUTIH_23.pdf.
[2] Elizondo, L. La tolerancia al estrés, las estrategias de afrontamiento, y el uso problemático del teléfono inteligente (UPTI) en estudiantes universitarios del norte de México. (2025). Universidad Autónoma de Nuevo León.
Opinión
Sábado 29 Mar 2025, 06:30
Si seguimos como vamos: “los extrañaremos Simitrios”
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Jesús Guerrero
