No sé a usted, pero a mí me tienen medio harto con eso de ofrecerme todos los días tarjetas de crédito que, la verdad, resulta tentador.

Dije medio harto. Pero me tienen totalmente fastidiado. Te llaman de lunes a domingo, desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche.

Alguien debería decirle a los vendedores de tarjetas, que los domingos son de piyama, de desayunar tarde, de levantarte a la hora que se te pega la gana y no ver ni el celular.

Pero ahí los tienes: “Buenos días -tardes, noches-, le informo que ha sido usted seleccionado por su buen historial crediticio, con una tarjeta preaprobada de 200 mil pesos…”.

¿Mi historial crediticio? ¿Seleccionado? Lo primero que pregunto a la -eso sí- amable vendedora, siempre y cuando se me ocurra contestar la llamada: ¿y quién le dio mis datos de crédito?

¿Quién me seleccionó?, pregunto a quien está del otro lado de la línea. “En este caso señor, no puedo darle esa información…”.

Y entonces viene mi desconfianza: ¿quién diablos le dio mi número telefónico y de dónde obtuvo mi, según ellos, historial crediticio?

Evade mis preguntas y, al final, ante su insistencia, debo colgar. No me interesa ninguna tarjeta de crédito y menos de esas que se anuncian como si fuera una panadería con precios que le darían envidia a cualquier repostero.

Y es que son tan hábiles vendiendo tarjetas de crédito, que no puedes creer que en menos de 48 horas tendrías el plástico en la puerta de tu casa, sin más investigación que tu palabra de que la aceptas.

“No gracias, ya tengo tarjeta de crédito”, le dices. Y responde: “en este caso, ¿con cuál banco trabaja?”.

Piensa y acertarás: si ya tiene mi historial crediticio, debería saber con cuál banco estoy ¿o no?

Y luego te ofrece un crédito de 200 mil pesos listo para que te lo gastes. Y le dices que no. Pero insiste: “le estamos ofreciendo esta tarjeta para que disponga del efectivo de inmediato, a una tasa de…”.

¿Efectivo? ¡De risa! Ese efectivo no existe. Es un crédito a una tasa superior a la de cualquier banco establecido. Lo digo mejor: una tasa desproporcionada y con tufo a robo en despoblado.

¡Ah, pero eso no es todo!: tienes hasta tres meses para pagar. Me vuelve a dar risa. O sea que me voy a gastar 200 mil pesos y pagaré en tres meses… si bien me va, 200 mil pesos, más un 20 por ciento de tasa, estamos hablando de que deberé pagar 240 mil pesos, en el mejor de los casos.

No soy financiero ni experto en créditos, pero, en serio… ¿a quién le quieren ver la cara? En 90 días, ese “efectivo” de 200 mil pesos se va a convertir en 40 mil pesos más.

Quieren medrar con la necesidad de las personas. Buscan incautos para que alguien, no sabemos quién, se meta millones de pesos al bolsillo con ese negociazo que van a pagar inocentes “clientes”.

Los nombres de las tarjetas que te están ofreciendo salen sobrando en este texto. Todos sabemos cuáles son esas tarjetas de ensueño, plásticos endemoniados que, si los usas, te estarás embarcando por años porque las deudas se vuelven impagables.

Pregunto: ¿quién debería estar revisando esas ofertas? ¿Hay alguna autoridad que regule seriamente sus operaciones?

Te bombardean con esos ofrecimientos mediante llamadas telefónicas, en redes sociales ni se diga, en mensajes de texto, y hasta se les ocurre invadir tu privacidad.

Lo único que le puedo decir, es que no caiga. Tenga cuidado. Son tarjetas de crédito de ensueño, que si bien lo sacan de un apuro en el momento, su deuda estará clavada en su vida por años. Así que, no gaste lo que no tiene y si lo hace, que sea con instrumentos financieros probados.

El problema sigue siendo muy claro: ¿de dónde obtienen la base de datos telefónicos para ofrecer tantas tarjetas de crédito? ¿Alguna autoridad puede hacer algo? ¿O es acuerdo común? Al tiempo.