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Banderazo a las campañas para elegir a ministros de la suprema corte de ¿justicia?, magistrados y jueces, federales y estatales.
Solamente en Bolivia y Suiza se elige por voto popular a todo el poder judicial. En Estados Unidos 43 estados solo eligen a los jueces locales y en Japón a los diez años ratifican en las urnas a los que fueron elegidos por el parlamento originalmente.
La destrucción del poder judicial en este México nace de la venganza de un sujeto que anidó por años resentimientos y desarrolló un complejo de superioridad semejante al de Hitler, Fidel Castro o Daniel Ortega.
Al perder el pueblo la memoria de lo que nos hizo el PRI por más de siete décadas, le otorgaron inexplicablemente al nuevo PRIAN reencarnado en Morena, una mayoría, que no absoluta porque esa se la ofrendó el INE y el TEPJF controlados por adictos al régimen; patente de corso para elegir a juzgadores fanáticos, fieles y serviles al oficialismo.
La exrepública mexicana murió el día en que la espuria e inmoral mayoría absoluta del congreso federal liquidó la división de poderes y aprobó la elección popular de todo el poder judicial.
Se dijo que el poder judicial era corrupto y nepotista, no lo dudo, pero lo mayores desfalcos al erario, por recordar los más emblemáticos, los ha cometido el poder ejecutivo, ejemplos: el Fobaproa del viejo PRIAN, las sábanas y toallas de Fox, la estela de luz de Calderón, la estafa maestra de Peña Nieto, Segalmex, Birmex, Dos Bocas, Mexicana de aviación, Tren Maya, rifa del avión y la farmaciota de López Obrador.
A los juicios sumarísimos en contra del poder judicial desde las mañaneras de aquél y de ésta, y de la espuria mayoría absoluta del congreso federal, se sumó el silencio cómplice de la corte interamericana de derechos humanos.
Allanado el camino para la elección a modo de ministros, jueces y magistrados federales y estatales, el proyecto de nación de Andrés Manuel y de Claudia Sheinbaum Pardo del régimen absolutista que engendraron en sus entrañas, se lapida el uno de junio.
Los resultados van a ser los que se esperan. Morena va a controlar el poder judicial federal a plenitud y por lo menos 24 de las entidades federativas, esto, porque en los estados como Chihuahua donde gobierna la oposición, se repartieron el pastelito.
La elección judicial será tan controlada como lo fue la presidencial 2024.
Comenzando por el escaso número de casillas a instalar, el control y conteo de votos, así como los resultados, estarán bajo la tutela de la destacada adicta al régimen, Lupita Taddei, tal como sucedió con los fraudes electorales de 86 en Chihuahua y 88 en el país, bajo la batuta del distinguido PRIMOR Manuel Bartlet Díaz.
Si usted estimado/a elector/a cree que será una lección libre y democrática, lamento decirle que los resultados no dependen de usted, sino de los que vendieron su alma al diablo o a Morena que, pal caso es lo mismo, y sufragarán conforme a las listas que les entregarán los cuervos de la nación. Así lo hicieron con Claudia.
En el caso de Chihuahua, donde nos hemos salvado de la maldición del macuspano, morenos, primores, prianistas, panmores y panistas tienen elaboradas sus listas con los nombres de sus prospectos.
Sé que en todas las listas van juzgadores honorables con experiencia, que buscan continuar impartiendo justicia. También van a probar suerte abogadas/os con credibilidad y experiencia en la administración pública. Son los menos.
Lo terrorífico de la elección es que la gran mayoría de candidatas/os llevan la venía porque juraron lealtad al régimen, fueron legisladores, son cónyuges, pareja, carnal o carnala, hija/o, sobrina/o, tía/o, sobrina/o compadre, comadre o super compota del o de la que parte el queso en el organismo autónomo, en el ayuntamiento, en el gobierno, en tal o cual tribunal, en el partido, en el congreso, en el medio de comunicación o en la cámara empresarial.
La elección judicial no será democrática porque proviene de la liquidación de la república y la división de poderes, por el sometimiento del árbitro electoral al poder ejecutivo y gracias a la espuria e inmoral mayoría absoluta legislativa del congreso federal.
Es cuanto.